Cristina (nombre ficticio), sufrió en carne propia el choque fatal que consiste en vivir un embarazo lleno de ilusión y perder a tu bebé siendo un recién nacido.
En junio de 2024, cuando tenía 40 semanas de gestación, esperaba a su primogénita, la cual nacería a través de un parto natural. El proceso no fue como lo imaginó, la pequeña aspiró meconio, la primera materia fecal que expulsa un bebé y debió someterse a una cesárea de emergencia.
A pesar de la delicada situación, Cristina comenzó a formar su banco de leche extrayéndose calostro porque los médicos le dieron un buen pronóstico.
Lamentablemente, al tercer día de su nacimiento, la pequeña no sobrevivió, pero el cuerpo de Cristina continuaba con la producción de leche, llegando a congelar esas primeras onzas.
"Uno está pasando por un dolor, pero pensando que puede beneficiar a alguien de algo que tu cuerpo produce", fue el motor que la llevó a donar su leche.
Cuando llegó al banco de leche, se enteró que el calostro que con tanto esfuerzo había recolectado ya no servía porque tenía congelado más de los 15 días en los que la muestra es viable.






