La República Dominicana cerró 2025 con una señal de alerta en el sector construcción. Colapsos estructurales, explosiones por fallas en instalaciones de gas y la suspensión de obras por incumplimientos a las normas de seguridad revelaron una problemática persistente: los vicios de construcción y la debilidad de la supervisión técnica especializada continúan teniendo consecuencias humanas, económicas y sociales.
Durante el año se registraron desplomes y fallas graves en edificaciones del Distrito Nacional, Santiago y La Romana. A estos hechos se sumaron explosiones vinculadas a instalaciones defectuosas de gas, como la ocurrida en una vivienda de Montellano, en Salcedo, que dejó varios heridos, incluido un recién nacido, y otra más reciente en una torre residencial del sector Villa Marina, en el Distrito Nacional, que provocó al menos cinco personas lesionadas.
Colapsos y explosiones que encendieron las alarmas
Para el arquitecto Edgar J. Martínez, exsecretario general del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (Codia) y especialista en Administración de la Construcción y Supervisión de Obras, estos eventos no pueden verse como accidentes aislados.
"Los vicios constructivos no son hechos fortuitos. Son el resultado de decisiones técnicas mal tomadas, ausencia de supervisión profesional y una cultura que ha normalizado la improvisación", afirma.
Martínez explica que muchos de estos incidentes pudieron evitarse si se hubieran respetado los procesos constructivos establecidos y si cada etapa de la obra hubiese contado con profesionales especializados. "La supervisión técnica no puede seguir reducida a una simple observación visual. Se requiere una supervisión especializada por áreas: estructural, geotécnica, eléctrica, sanitaria y de seguridad contra incendios", subraya.






