Afirmar que “se cometió un error” por haber designado mujeres en las gobernaciones no solo es injusto, sino también peligroso, porque reduce el análisis político a un enfoque de género simplista y excluyente. La capacidad, el compromiso y la cercanía con la gente no dependen del sexo, sino de la ética, la vocación de servicio y la responsabilidad institucional.
En Puerto Plata, la gestión de la gobernadora Claritza Rochtte ha sido positiva, constante y cercana a la gente, caracterizada por el acompañamiento a las comunidades, el respaldo a las juntas de vecinos, la coordinación con instituciones del Estado y una presencia activa en los momentos más sensibles para la provincia. Su trabajo ha contribuido a fortalecer la gobernabilidad, el diálogo social y la atención a sectores históricamente olvidados.
Si existen fallas administrativas o diferencias políticas, estas deben evaluarse de manera individual, con datos, resultados y procesos claros, no mediante descalificaciones colectivas ni comentarios que alimentan el descrédito sin pruebas verificables.
Hablar de “descontento silencioso” o de obediencias políticas sin evidencias públicas solo contribuye a crear tensiones innecesarias, debilitar la institucionalidad y confundir a la ciudadanía. La democracia interna y el respeto a las autoridades designadas deben primar sobre agendas personales.
El país necesita debate serio, responsable y basado en hechos, no narrativas incendiarias que buscan imponer percepciones como verdades absolutas. La experiencia y los resultados también cuentan, y en Puerto Plata la gestión de Claritza Rochtte merece ser valorada con justicia y objetividad.
La política no se construye calentando hornos, sino trabajando, dando resultados y respetando la dignidad de todos y todas.






