El papa Francisco, cuyo nombre secular era Jorge Mario Bergoglio, fue el primer pontífice latinoamericano y el primero jesuita, singularidades que quiso reflejar durante sus 12 años de papado y a la hora de su muerte.
Desde principios del siglo XX, todos los papas habían sido enterrados en las grutas bajo la basílica de San Pedro. En su testamento, redactado en 2022, el papa Francisco dejó algunas instrucciones concretas referidas a su entierro.
"Pido que se prepare mi sepulcro en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal. El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus", indicó en el documento.
Las Constituciones de la Compañía de Jesús, congregación a la que pertenecía el papa, fueron escritas por san Ignacio de Loyola y no especifican detalles sobre entierros, pero sí establecen tres principios clave: pobreza, humildad y sencillez.
Los jesuitas suelen ser enterrados directamente en la tierra (sin un ataúd lujoso o en estructuras elaboradas) por razones profundamente simbólicas y espirituales, relacionadas con su estilo de vida, sus votos y su visión de la muerte.






